Archivo de la categoría: Historias, relatos y cuentos.

Terror, ficción, en fin; todo lo que se me ocurra escribir con tal de mejorar mi redacción.

A titulo de letras

No me atrevo  ya a mirarme a mi mismo desde un rincón oscuro sin ruborizarme al descubrir que una vez más lo he perdido todo. Que inevitablemente esta inocencia me ha traído de nuevo ante mi soledad. Que porquería, que necedad de querer algo que ya no está. Algo que perdí y me fue arrebatado a la vez. Como un niño al que se le castiga y se le dice <<Tu no puedes tener ese juguete>> , entonces se le quita y se le da una palmadita para que no se sienta hurtado, traicionado…

Que mal entendida puede ser la palabra amistad ¿cuantas cosas no se hacen en su nombre? ¿Y cuantas imbecilidades no se justifican a titulo de camaradería?

Que mal entendido es el amor. ¿ No se viste con pieles hermosas este rufián llamado necesidad y luego se pasea delante de nosotros travistiéndose de amor?

Aquellos días en los que traté de buscar en la auto condena y sentencia mortal  como único remedio para esta enfermedad que es la vida, ya no son una opción para mi. Actualmente me causa una profunda vergüenza de solo pensarlo. Una carcajada también, pues no me parece que sea algo que requiera de mucho valor. Valor es seguir soportando, día a día, sin importar la terrible carga que resulte cada inhalación, sin importar como se va la vida y desgarra el alma en cada exhalación.

Es la vida y se vive tal como es, no tal como quisiéramos.

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Animal domestico

Estoy tratando de luchar de nuevo contra todo aquello que creía superado. En contra de todo lo que creía que finalmente había dejado atrás. Ese fue el acuerdo mutuo entre mi Yo  y yo mismo: nunca dejes de correr “nunca pares de huir de mi patético cobarde”,  me gritaba mientras jadeante corría detrás de mí. Esta maldita  cualidad de dar zarpazos y mordidas y coletazos a quien se acerca. Criatura extraña e incomprensible, bestia de mil formas que asecha a quien cree que ya le ha domado, como le gusta dar lamidas para ablandar la carne, como se resarcía en su felinidad.

Como afila tranquilamente las garras, como ama aguardar. Y ya puede ver como se acerca el final, ya siente venir de nuevo ese instinto de desprecio, de nausea y repulsión por todo lo bueno y lo justo. Ya se prepara esta criatura, pescador de hombres…

¿No lo ves ya como se retuerce en sus pesadillas y noches después  como lo carcome el insomnio?

Son los síntomas del renacimiento.

Micro cuento – Gabriel

Cada vez que Gabriel daba un paso, cada vez que se armaba de valor y tomaba la iniciativa, ella parecía dar otros dos pasos hacia atrás. Lee el resto de esta entrada

Yo solía 

Yo solía vivir en estado de vegetal, que sólo se mueve en dirección del viento, que a veces me sopla hacia un lado, a veces hacia otro. Y como los girasoles, en la pradera buscaba el sol o lo que fuera que me iluminara de vez en cuando. No tenía más ocupaciones que las de un lagarto con la barriga en la roca caliente en el medio día, buscaba calor pues hace mucho vivía entre las montañas y los vientos polares, pero me cansé y buscaba el sol.

Luego me cansé de eso,  mi espíritu tenía necesidad de sombra y cuevas y escondrijos, viví como un topo, escarbé profundo, indagué. Dejé de buscar respuestas en la luz y el cielo y las busqué en la tierra ¿Y quién no se habría ensuciado las manos como yo?

Y un día simplemente dejé de buscar, no quise saber más y me puse a deambular como un zombie, estaba en coma, era un muerto en vida. Y cuando no buscaba nada te encontré, me iluminabas como el sol,  a veces calida a veces fría como las montañas, otras eras un misterio escondido en las minas más profundas. 

Me sacaste de ese estado de coma en el que me encontraba, despertaste en mí algo que ya no sentía hace mucho

Me hiciste amar de nuevo el sol y su calor; las montañas y sus tempestades; la oscuridad y sus profundidades.

.

¿Quién iba a pensar que al abrir la celda de esta prisión, también dejaste salir lo peor de mí, aquello que no debía salir nunca, mi pasajero oscuro?

  

Ojos de miel

Me quedé ahí recostada en la cama, mirando fijamente al techo, hace ya un rato que me había percatado de su presencia, apenas lo pude ver de reojo pero no me atrevía a voltear por completo la cabeza, eran aproximadamente la tres de la mañana; mi familia dormía como roca, pero yo no logré  conciliar el sueño esa noche. Es como si me hubiera preparado para su visita. Ahí estaba, lo sé, no quería cerrar los ojos, sentía que al hacerlo aquella cosa se  abalanzaría sobre mi. Solo me quede ahí recostada, con la vista fija al techo, fingiendo que no me había dado cuenta de su presencia, esperando que se aburriera y decidiera irse. Pero no, no era su intención irse, no después de todo  este tiempo, de tantos esfuerzos y dificultades por las que seguro debió haber pasado para encontrarme. Habían pasado  ya quince años. Quince años de terapias con el psiquiatra, quince años de no poder dormir con la luz apagada, quince años de repetirme frente al espejo que solo era la imaginación de una pequeña de diez años, mientras,  por dentro, no creía ni una sola palabra de lo que decía. Al final la única forma de librarme de aquello fue mudarnos de Pueblo viejo, salimos por la mañana, cuando me sentía protegida por la luz del sol. Al llegar a DF,me sentí más tranquila,  intenté comenzar de nuevo, ser una chica normal, tener amigas, ir al colegio y, no sé, encontrar algún chico atractivo. Pero justo hoy  me ha encontrado, ahí está, uno puede darle la forma que quiera, le gusta que se lo imaginen como mejor les parezca , sólo basta ver sus ojos, esos ojos de color miel que brillan en la esquina,  no pretenden parpadear, no se apagan nunca ¿Que esperan? ¿Verme parpadear?  Quieren cruzarse con mi mirada. Al final era un juego simple quien parpadee primero pierde. Y lo hice, apenas fue un instante y ya no estaba en su rincón, me estaba ganando el sueño, parpadee una vez más  y estaba ahí parado, justo a un lado de mi cama, otra vez y su rostro estaba junto al mío, podía sentir sus exhalaciones ansiosas frente a mi, esperando que por fin cerrara los  ojos una vez más. Quería devorarme ¿Que más querría hacer sino devorarme? Pero no podía, no podía saltarse las reglas, era nuestro convenio y él lo respetaba, por eso no me hacía nada, porque me faltaba parpadear una vez más. Pero yo no me iba a dar por vencida. Apreté los dientes e hice uso de todo mi valor. ¡Sujeté su rostro con ambas manos y clavé los pulgares en sus ojos! La criatura se alejó soltando sarpazos por todas partes, arañando y destrozando todo aquello que se cruzaba con sus garras y chillando como un puerco. Mis manos estaban cubiertas por la viscosidad de sus ojos y aquel liquido brillaba entre mis dedos y mi cara cubierta de esa por quería. La bestia por fin calló al suelo, estaba muerta o eso parecía, su cuerpo se fundió en el piso hasta dejar  un charco negro en el piso. A la mañana siguiente, cuando mi madre entró a la habitación, se llevó las manos a la boca.

—Dios mío ¿Que ha pasado aquí?

—Volvió mamá—le dije—, volvió pero me deshice de él. Debiste verme mamá, fui muy valiente. 
Mi madre negaba con la cabeza, tal vez se preguntaba, si realmente habían servido todos esos años de terapia, si había valido la pena gastar todo ese dinero.

—Pero hija, tus ojos… ¿No dormiste?

—¿Qué pasa mamá?

Corrí al espejo y ahí estaban, esos ojos color miel.

—Son míos mamá, yo… Me los gané ¡Me pertenecen!  Lo vencí mamá y ahora me pertenecen. 

Tomé a mi madre del rostro y le hundí los dedos en los ojos , tal como había hecho con aquella criatura. Mi madre daba gritos y yo esperaba que se consumiera como aquella criatura. Cuando vinieron por mi, mi madre ya había muerto. Yo la amaba, pero no le iba a entregar mis ojos color miel.

Los doctores charlaban fuera de mi habitación como si yo no los pudiera escuchar o simplemente como si no les importara que yo escuchara todo.

—Es un caso grave de psicosis— Decía uno de ellos—, veía sus ojos en el espejo y creía que era un monstruo. Ya tenía antecedentes de pequeña. Pero al parecer dejó de tomar sus medicamentos y ya no pudo más con ello. Me temo que su locura es permanente— dijo, mientras se alejaban por el pasillo hasta cruzar la puerta de metal.
Llegó  la noche y lentamente se iban apagando las luces por secciones, hasta que mi habitación quedo oscura. Mis ojos miel, tan hermosos, ¡como brillan! Como iluminan la habitación, son mi trofeo, yo me los gané al vencer a la bestia… Como brillan, tan hermosos.

Cuando llega la noche

El notario sacó las hojas y las ordenó sobre la mesa —Firme aquí, aquí, y aquí también— le indicó.  Mientras Arturo firmaba, no podía creer su fortuna. Justo como en las películas, de la noche a la mañana era rico, o por lo menos lo sería pronto. —Eso es todo, la casa es suya— Le entregó el juego de llaves oxidadas enganchadas a un gran aro metálico y se fue. Arturo tendría que viajar a conocer su más reciente adquisición, según los datos que le dio el licenciado la mansión que le había sido heredada se encontraba en Tres Cruces, un pueblo escondido entre los cerros al oeste del Estado de México.  Desde luego Arturo no planeaba vivir en aquel pueblo, planeaba vender la casucha esa y darse la vida que siempre había deseado.

Conducir hasta Tres cruces sería una verdadera hazaña primero tendría que encontrar Pueblo viejo, un pueblo igual de escondido pero que por lo menos aparecía en el GPS. Al llegar a Pueblo viejo ya no había pierde

—Solo tiene que seguir ese camino, es un viaje largo señor. Algunos no ven la hora de llegar… y otros no ven la hora de volver—dijo el comerciante.

—Le agradezco mucho señor— dijo Arturo ofreciéndole un billete de veinte.

—No quiero su dinero— reprochó el pueblerino—. Mire, le voy a decir algo. No debería conducir hoy, el sol está por ocultarse y no hay alumbrado ni asfalto. Son cuatro horas de viaje ¿sabe?

Arturo sacó la mano por la ventana y dio una palmada a su Hummer —Amigo, esta belleza no necesita caminos pavimentados.

El comerciante se acercó a la ventana y susurró:

—Tal vez su auto sea el mejor del mundo, pero ni un tanque de guerra lo protegerá de lo que verá allá. Cuando llega la noche, cosas extrañas ocurren; la gente habla mucho. Últimamente han desaparecido muchas personas. Ese pueblo ya está condenado, no vaya, cuando este a mitad del camino no habrá retorno.

Fue lo que dijo el anciano, desde luego Arturo no creyó nada de lo que dijo, Los citadinos no son supersticiosos, están tan ocupados que no tienen tiempo para asustarse. El sol apenas se estaba poniendo y a este ritmo Arturo calculaba llegar a Tres Cruces para las nueve y media. Puso un disco de Queen y mientras conducía iba cantando We will Rock you. Finalmente Arturo estaba en un punto en el que el GPS no mostraba más que un punto en medio de la nada. Había en el camino un letrero hecho a mano que decía: Punto sin retorno.

—Que mierda de lugar es este que ni siquiera aparece en el mapa.

Cuando la luz del sol abandonó por fin la carretera Arturo prendió los faros y sonrió con arrogancia.

— ¿Quién necesita alumbrado cuando tienes faros antiniebla, he anciano?

Sin embargo su sonrisa desapareció cuando vio a la orilla del camino, una niña de pelos enmarañados y con la ropa sucia y polvorienta. La recorrió con la mirada mientras la Hummer seguía su camino y cuando ya no pudo verla —pues los faros eran la única fuente de iluminación— volvió la vista al camino.

— ¿Qué mierdas hace una niña en este lugar?

Justo estaba por dejar aquella mocosa harapienta en el olvido, cuando a lo lejos, justo en la orilla del camino, lo esperaba de nuevo la misma niña. Pero esta vez la niña hiso una señal con la mano que, debido a la velocidad, Arturo no pudo ver. ¿Qué mierdas es esto? Pensó. Sacudió la cabeza, hace ya unos minutos que había terminado el disco de Queen. Sacó el disco y puso otro, comenzó a sonar Fly me to the moon de Sinatra. Arturo empezaba a ponerse nervioso con el asunto de la niña.

—La sugestión, ese anciano tiene la culpa.

Sinatra recitaba: in other Words, please be true. In other words… de pronto la música se apagó, oprimió el botón de play varias veces y apretó el botón del volumen pero no funcionaba. Y de pronto, a lo lejos, estaba parada la niña, los faros iluminaban sus ojos que parecían dos agujeros negros que devoraban la luz.

—No, esto… es que esto no puede ser.

Esta vez pudo ver la mano de la niña que le apuntaba con el dedo índice hasta que se perdió en el camino y la oscuridad. Los faros antiniebla comenzaron a parpadear hasta que por fin se apagaron. Ahora solo tenía dos faros comunes y corrientes que apenas alcanzaban a iluminar unos cuantos metros. Y entonces se dio cuenta, el letrero que dice: punto sin retorno, ahí estaba de nuevo. Y ahí estaba la niña, pero esta vez camino hasta que estuvo en medio del camino. Arturo cerró los ojos, las lágrimas le salían de los ojos, recordó que tenía religión y comenzó a rezar. Pisó el acelerador a fondo. Pero no sirvió de nada, a lo lejos se alcanzaba a ver el letrero: punto sin retorno, y antes de llegar al letrero comienza el parpadeo de los faros, seguido de un crujido que terminó por apagar el motor y las luces de la Hummer. Todo se tornó en oscuridad, comenzó a escuchar los pasos de la niña removiendo la arena del camino, arrastraba los pies con cada paso. Se apresuró a cerrar la ventana, escuchaba sus dedos rechinando en el cristal como si los deslizara de arriba abajo. Podía escuchar la manija de la puerta como subía y bajaba.

—Dejame entrar— gritó, su voz era como un grito de anciana y el chillido de un puerco al mismo tiempo—. ¡Dejame entrar!

Empezó a sacudir la Hummer con una fuerza tremenda, Arturo lloraba y cerraba los ojos. Después de un rato ya no se escuchó más, Arturo saco su teléfono del bolsillo, sin señal. Decide usar el flash del teléfono como linterna. Comienza a alumbrar: a la derecha, al frente y a la izquierda del auto. Y justo cuando la luz le permite ver por el retrovisor ahí está, sentada detrás de él, voltea horrorizado pero no hay nada. Decide mirar el espejo y ahí está de nuevo. Aquel reflejo le pasa un brazo alrededor del cuello y le susurra:

—Quédate conmigo…

— ¡No!

Corrió hasta alejarse del auto, corrió con todas sus fuerzas con el teléfono como única arma. No se supo cuánto tiempo corrió, y de pronto, ahí estaba de nuevo: punto sin retorno.

—No, no maldición— arrancó el letrero y lo arrojó. En la pantalla del celular el signo de batería comenzaba a parpadear, finalmente la luz del flash se apagó. Arturo tembló, se tapaba la boca para no gritar. Caminó sabiendo que después del letrero estaba la niña esperándole. Cuando sintió que se posaban unos delicados dedos sobre su hombro supo que era el fin.

—Quédate conmigo— susurró—.

A la mañana siguiente el comerciante comenzaba a tender su puesto, recién ponía el mantel en el suelo cuando vio que por aquel viejo camino que lleva a Tres Cruces, una silueta caminaba un hombre se acercaba con las ropas desgarradas y con la cara moreteada. Era Arturo, nadie hasta la fecha supo como escapó a tan terrible encuentro. Se acercó al comerciante y le entregó las llaves.

—Si consigues llegar a Tres Cruces, la casa es tuya—. Siguió caminando hasta perderse en la multitud.

El mercader desde luego no le interesaba la casa, puso las llaves entre las demás baratijas que vendía, y se sentó a esperar un nuevo cliente.


¿Me ves en la oscuridad?

Necesito comprobarlo, ¿Me vez en la oscuridad? Tan solo una señal, por pequeña que sea:  un susurro, una caricia celestial. ¿Que no ves que estoy en el abismo? Intoxicado por mi humanidad, condenado a la incertidumbre, a la búsqueda eterna. Aquí hasta las migas de tu misericordia bastan para redimírme, para adormecer mi alma  en eternas promesas. Pero no me escuchas, ¿Sigues ahí? ¿Es verdad que todo lo ves, que todo lo escuchas? Una prueba pero ¡Ay! no escucho más que el eco de mis propios gritos.

El Cristo del Abismo de San Fruttuoso

 

Cuanto han tardado estos ojos en acostumbrarse a este pozo, a la oscuridad de estas cavernas. Me mueve la voluntad del topo ¡Que me importa ascender, ya habrá tiempo luego! Lo que me interesa es cavar, indagar  hasta lo más profundo, llegar hasta los últimos términos. Esta voluntad “Topezca”  me obliga a remover hasta la tierra de mis ancestros, <<genealogía de todas las cosas.Experimentar las almas más profundas>>

Lo he comprobado, ¡Alejate de mi! ¿Por qué insistes en querer verlo todo, en oírlo todo? Te gusta observar mi sufrimiento: Espectador desalmado, me observas hasta en la intimidad: cerdo lujurioso. ¿En donde se puede ocultar uno de tu ojo? Solo en los abismos, ¿En la oscuridad?…¿Me ves en la oscuridad?

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